MÉXICO, 25 de julio 2022, Gaceta UNAM
La crisis ecológica que padece actualmente nuestro planeta ha puesto en entredicho incluso la supervivencia, a mediano plazo, de nuestra propia especie. Ahora bien, por paradójico que suene, esta crisis se debe en gran parte a las actividades que los humanos llevamos a cabo día a día.
Apenas nos levantamos, utilizamos energía eléctrica para iluminar nuestra vivienda, agua para bañarnos, gas para prepararnos el desayuno, gasolina para trasladarnos en un automóvil o un vehículo de transporte público a nuestro sitio de estudio o de trabajo, donde volvemos a utilizar energía eléctrica para encender la computadora, agua para ir al baño y lavarnos las manos, gas para comer, gasolina para regresar a casa…
Asimismo, la totalidad de las industrias (minera, textil, química, alimentaria, automotriz, maderera, etcétera) recurre a los combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas natural) para mantener en funcionamiento sus cadenas de producción.
“Hasta la Revolución Industrial, el impacto de las actividades humanas en la naturaleza fue mínimo porque casi todos los recursos utilizados eran renovables. Pero a partir de esa transformación de los modos de producción y comercialización de bienes, la quema de combustibles fósiles comenzó a liberar dióxido de carbono a la atmósfera. Con el paso del tiempo, éste y otros gases de efecto invernadero han formado un manto cada vez más denso que atrapa el calor en dicha capa. El resultado de este proceso es que, en los últimos 200 años, la temperatura media de la Tierra ha aumentado 1.2 grados Celsius”, indica Alejandra Alvarado Zink, bióloga, experta en temas relacionados con el medio ambiente e integrante del grupo de Educación y Comunicación Ambiental de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia (DGDC) de la UNAM.
Dos complejísimos problemas
A lo largo de su existencia, nuestro planeta ha acogido a más o menos especies y, en opinión de Alvarado Zink, siempre habrá organismos vivos sobre su superficie.
“La Tierra no está preocupada por nuestra posible extinción ni mucho menos. Para ella, somos una especie más entre millones. Por lo contrario, quizás esté molesta por todas las barbaridades que hemos cometido en su contra. Pero ya se percató de que si sube su temperatura nos puede aniquilar. Así pues, somos nosotros, los humanos, los que debemos estar preocupados –y ocupados– por sobrevivir”, añade.
De acuerdo con la especialista, los humanos tenemos que afrontar y tratar de resolver dos complejísimos problemas: qué hacer para no quemar tantos combustibles fósiles y qué hacer para no usar tantos recursos en nuestra vida cotidiana.
Por lo que se refiere al primero, aunque ya se ha avanzado mucho en el desarrollo de las energías limpias, la mayoría de los países y sus habitantes todavía tiene un acceso muy limitado a ellas.
Respecto al segundo, Alvarado Zink cree que el mejor camino es volvernos unos consumidores más conscientes e informados, y poner en práctica, con mayor frecuencia, la regla de las tres erres: reducir, reutilizar y reciclar.
“En primer lugar hay que cambiar nuestra mentalidad y aprender a usar sólo los recursos que necesitamos. En segundo, hay que hacer una selección de aquellos objetos que podemos reutilizar, como frascos o envases de vidrio, cajas de cartón, ropa. Y tercero, hay que incorporarnos sin reservas al proceso de reciclaje, separando la basura orgánica y la inorgánica”, finaliza.
Fuente: Gaceta UNAM
Biodiversidad y cambio climático | Ciencia y Tecnología | Medio Ambiente | México | UNAM
(UNAM) ¿Qué puede hacer cada quien para salvar al planeta?
MÉXICO, 25 de julio 2022, Gaceta UNAM
La crisis ecológica que padece actualmente nuestro planeta ha puesto en entredicho incluso la supervivencia, a mediano plazo, de nuestra propia especie. Ahora bien, por paradójico que suene, esta crisis se debe en gran parte a las actividades que los humanos llevamos a cabo día a día.
Apenas nos levantamos, utilizamos energía eléctrica para iluminar nuestra vivienda, agua para bañarnos, gas para prepararnos el desayuno, gasolina para trasladarnos en un automóvil o un vehículo de transporte público a nuestro sitio de estudio o de trabajo, donde volvemos a utilizar energía eléctrica para encender la computadora, agua para ir al baño y lavarnos las manos, gas para comer, gasolina para regresar a casa…
Asimismo, la totalidad de las industrias (minera, textil, química, alimentaria, automotriz, maderera, etcétera) recurre a los combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas natural) para mantener en funcionamiento sus cadenas de producción.
“Hasta la Revolución Industrial, el impacto de las actividades humanas en la naturaleza fue mínimo porque casi todos los recursos utilizados eran renovables. Pero a partir de esa transformación de los modos de producción y comercialización de bienes, la quema de combustibles fósiles comenzó a liberar dióxido de carbono a la atmósfera. Con el paso del tiempo, éste y otros gases de efecto invernadero han formado un manto cada vez más denso que atrapa el calor en dicha capa. El resultado de este proceso es que, en los últimos 200 años, la temperatura media de la Tierra ha aumentado 1.2 grados Celsius”, indica Alejandra Alvarado Zink, bióloga, experta en temas relacionados con el medio ambiente e integrante del grupo de Educación y Comunicación Ambiental de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia (DGDC) de la UNAM.
Dos complejísimos problemas
A lo largo de su existencia, nuestro planeta ha acogido a más o menos especies y, en opinión de Alvarado Zink, siempre habrá organismos vivos sobre su superficie.
“La Tierra no está preocupada por nuestra posible extinción ni mucho menos. Para ella, somos una especie más entre millones. Por lo contrario, quizás esté molesta por todas las barbaridades que hemos cometido en su contra. Pero ya se percató de que si sube su temperatura nos puede aniquilar. Así pues, somos nosotros, los humanos, los que debemos estar preocupados –y ocupados– por sobrevivir”, añade.
De acuerdo con la especialista, los humanos tenemos que afrontar y tratar de resolver dos complejísimos problemas: qué hacer para no quemar tantos combustibles fósiles y qué hacer para no usar tantos recursos en nuestra vida cotidiana.
Por lo que se refiere al primero, aunque ya se ha avanzado mucho en el desarrollo de las energías limpias, la mayoría de los países y sus habitantes todavía tiene un acceso muy limitado a ellas.
Respecto al segundo, Alvarado Zink cree que el mejor camino es volvernos unos consumidores más conscientes e informados, y poner en práctica, con mayor frecuencia, la regla de las tres erres: reducir, reutilizar y reciclar.
“En primer lugar hay que cambiar nuestra mentalidad y aprender a usar sólo los recursos que necesitamos. En segundo, hay que hacer una selección de aquellos objetos que podemos reutilizar, como frascos o envases de vidrio, cajas de cartón, ropa. Y tercero, hay que incorporarnos sin reservas al proceso de reciclaje, separando la basura orgánica y la inorgánica”, finaliza.
Fuente: Gaceta UNAM
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