Pandemia, pobreza y muerte. Seminario de Udelar presentó datos y perspectivas

El 29 de abril se llevó a cabo el seminario virtual «Avance de la pandemia, la pobreza y la muerte: datos, desafíos y perspectivas», que contó con la participación del rector de la Universidad de la República, Rodrigo Arim, y exposiciones de investigadores de distintas disciplinas.

URUGUAY, 30 de marzo 2021, Udelar

En la apertura del evento, Arim agradeció al colectivo universitario por el esfuerzo para organizar desde 2020 este tipo de instancias con el fin de favorecer la comprensión de temas complejos, de difícil resolución, como el que convoca esta actividad. «A través de estas iniciativas se coloca la capacidad de la Udelar al servicio del país», apuntó.

El rector caracterizó la situación actual como «un drama nacional que solo se puede comprender por los hechos sucedidos en los últimos meses» y recordó que hasta enero de 2021 Uruguay se había ubicado con las tasas más bajas de mortalidad, pero hoy el país tiene altas tasas de contagio y fallecimientos por millón de habitantes. Por el número de casos acumulados Uruguay ya supera a países con los que se comparaba durante 2020 y tenían un desempeño más ineficiente respecto al control de la epidemia como Canadá, Noruega, Dinamarca, Islandia y Costa Rica, pasará en estos días a Israel y se acerca a la tasa de Alemania.

«La sociedad uruguaya debe empezar a reflexionar en clave de su futuro más inmediato y de las herencias que estas circunstancias que estamos atravesando van a determinar», expresó Arim. Resaltó también la necesidad de pensar en cómo construir desde las políticas públicas y del debate democrático respuestas sociales que mitiguen los impactos sobre la desigualdad en dimensiones como la educación, la pobreza multidimensional y la capacidad de construir ámbitos de convivencia social sanos.

«Respuestas tardías desde las políticas públicas y desde la reflexión ciudadana, terminan generando ampliación de brechas y desigualdades en la sociedad, para evitar esto tenemos que responder desde el lugar que nos corresponde», concluyó el rector de la Udelar.

Recursos y muertes en CTI

Arturo Briva, profesor de la Cátedra de Medicina Intensiva (Facultad de Medicina, Udelar), indicó que en el contexto de la pandemia, datos de la Sociedad de Medicina Intensiva revelan que la mortalidad global de pacientes con Covid-19 en CTI en el 2020 ronda el 48%. Si se toma de referencia a los pacientes más graves, con ventilación mecánica (más del 50 % del total), la mortalidad llega al 83%. Por otra parte, la estadía de un paciente que egresa vivo del CTI es de un promedio de 24 días y la de los pacientes que fallecen allí ronda los 13 días. Estos datos revelan que el Covid-19 genera más muertes y consume más días de la capacidad de los CTI.

Recordó que del 15 de marzo al 28 de abril los ingresos diarios de pacientes a CTI crecieron exponencialmente. Los factores que hacen que a pesar de este crecimiento aún haya disponibilidad de camas son el menor número de pacientes sin Covid internados allí debido a la interrupción de intervenciones quirúrgicas, las altas de pacientes y las camas que dejan libres quienes fallecen, explicó.

Briva detalló que al principio de la pandemia había 650 camas de CTI disponibles y que se considera que la saturación del servicio se alcanza con una ocupación del 85% (en ese momento, 550 pacientes). Las autoridades aumentaron el número de camas disponibles hasta llegar hoy a 900, indicó. Sin embargo en la evolución de la epidemia se puede observar que al pasar el límite de los 650 pacientes con Covid en CTI, empezaron a producirse más muertes que altas en los pacientes graves. Esto significa que tuvimos la capacidad de espacio para colocar 900 camas, así como para comprar más ventiladores, «pero no hubo formación de recursos humanos para asistir 900 camas de CTI, los recursos humanos son los mismos del inicio de la pandemia», sostuvo. Entiende que esto es muy preocupante, está provocando estrés en el sistema y es probable que el aumento de la mortalidad esté vinculado con un agotamiento del personal de CTI.

Como aspectos positivos señaló que la vacunación está funcionando en el personal de salud, reduciendo dramáticamente sus infecciones e ingresos a CTI. Es esperable que esto se repita en el resto de la población cuando avance la vacunación, indicó Briva, no obstante hasta que la población que se vacuna alcance la inmunidad, «el aumento de casos va a seguir golpeando».

Acerca de las personas que mueren por Covid-19 fuera del CTI (50 % de los fallecimientos), sostuvo que faltan datos, y es necesario investigar mucho para conocer las causas de este hecho. Indicó que estas muertes no se dan porque no haya camas en los centros de terapia intensiva o porque se les niegue la atención pero «pueden ser un indicador dramático de sobrecarga de los otros niveles de atención», como la asistencia en domicilio, el rastreo y testeo, la internación sanatorial o domiciliaria . «Creo que la medicina intensiva le tiene que pedir a la sociedad que se humanice, que no permanezca indiferente al hecho de que todos los días nos están diciendo que 40, 50, 60 uruguayos están muriendo con una enfermedad que es prevenible si cortamos los contagios comunitarios», concluyó Briva.

Dimensiones del comportamiento individual

Por su parte, Alejandra López, docente e investigadora del Instituto de Psicología de la Salud (Facultad de Psicología, Udelar), se refirió a su trabajo como integrante del Observatorio Socioeconómico y Comportamental del GACH. Realizó una investigación basada en una encuesta de panel de 400 personas representativas de la población general, mayores de 18 años, que incluyó tres dimensiones de estudio: percepción de riesgo, percepción de efectividad de medidas no farmacológicas, y acuerdo con medidas no farmacológicas -entendido como adherencia a ellas-. El equipo de trabajo analizó estas tres dimensiones a través de variables de nivel socioeconómico, grupos de edades, residencia, sexo, y votación en las elecciones de octubre de 2019. Se hicieron dos mediciones: una entre el 8 y 12 de febrero, en un contexto epidemiológico de 400-600 casos diarios, y una segunda medición entre el 22 de marzo y el 2 de abril, en un contexto de 2800 casos diarios aproximadamente.

Respecto a la percepción de riesgo algunos de los datos que señaló como más relevantes son: aumentó la preocupación de la población al igual que el número de personas que cree que probablemente se contagie de Covid-19 en los próximos seis meses; la mitad de la población manifiesta que probablemente sus familiares y amigos se contagien; la mayoría de los uruguayos acuerdan que el Covid-19 afectará a mucha gente pero las mujeres son quienes tienen una percepción más negativa en términos de esto; y creció la percepción de la gravedad o severidad de la enfermedad. Sobre los resultados de percepción de eficacia de medidas no farmacológicas, López destacó que todas las medidas subieron en porcentaje, y también hubo un incremento en el acuerdo con ellas, exceptuando el acuerdo con la medida de apertura de las fronteras, que bajó, y el acuerdo con el inicio de las clases presenciales, que en febrero era de 52% y en marzo bajó a 30%. De las medidas que subieron, se destaca la suba de 26 puntos porcentuales del «Quedate en casa».

En la escala del 1 al 7 del Índice de Percepción de Riesgo Covid-19, el estudio observa que nuestra sociedad se encuentra en 4,92. López explicó que las personas actuamos en función de condiciones estructurales, de oportunidades, de disponibilidad de recursos cognitivos, emocionales, y económicos, y también de una serie de incentivos. «Cuando miramos por qué las personas nos comportamos como lo hacemos, tenemos que mirar en función de ese conjunto de dimensiones; allí es clave el desarrollo de las medidas estatales no farmacológicas», afirmó. Hay sectores amplios de la población que no tienen alternativas de no moverse porque necesitan salir a trabajar, hay muchos trabajadores informales y personas que no tienen posibilidades de quedarse en casa o disminuir esa movilidad si no tienen medidas de protección e incentivos para poder efectivamente hacerlo. Esta es una dimensión muy importante. Otra es «la sensibilidad o calibrar la situación seria que tenemos, el ponerle rostro a los números, tener empatía con lo que está sucediendo, y tiene que ver con un conjunto de normas sociales y valores». «Es un fenómeno complejo, si nos quedamos en el discurso de la «libertad responsable» nos quedamos en una interpretación individual, en un juicio moral sobre por qué nos comportamos como lo hacemos, sin entender esos comportamientos y su contexto, sus condiciones de posibilidad», concluyó.

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Fuente: Universidad de la República Uruguay

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